miércoles, 1 de julio de 2020

Ninh Binh

Bienvenidos a una de las joyas de la corona en el país y lugar que da acceso a todo un paraíso de la naturaleza con cuevas, embarcaderos y templos majestuosos en lugares imposibles. Un autobús nocturno nos trae hasta aquí y se convierte, sin saberlo, en el último destino en Vietnam. El coronavirus llega a nuestras vidas (hasta entonces era un rumor lejano que no estaba afectando al viaje) y vivimos en primera persona las consecuencias.


Para empezar nuestro primer día visitamos un recinto que alberga varios templos. Es muy común, además, encontrar pequeños altares dentro de cuevas y la calma que se respira aquí es contagiosa. Subimos bastantes escaleras para llegar a lugares con unas vistas espectaculares y nos sorprende ver que también hay ¡alguna cabra! Lo anecdótico de este lugar nos ocurre al salir, cuando han cerrado las puertas para no dejar entrar a más turistas y nos vemos un rato encerradas… finalmente otros visitantes nos chivan que hay un muro fácil de saltar por el que podemos salir, ¡menos mal!





Cogemos la moto y atravesando extensos campos de arrozales llegamos a Am Thien Cave. Tras caminar 100 metros por un túnel llegamos a una especie de oasis. Se trata de un recorrido circular alrededor de un lago en el que de nuevo encontramos una pareja de novios sacándose un reportaje de fotos. Y visto que se trata sobre una barca, ahí que nos plantamos un rato a ver el espectáculo porque la novia hace amagos de tambalearse y caer al agua en más de una ocasión, jijijijji



Como parece un lugar de cuento, aprovechamos para hacer todo tipo de instantáneas. Ponemos el disparador automático y pasamos un rato muy divertido porque a payasas ¡no nos gana nadie!


Al día siguiente, madrugamos para poder visitar Tràng An; un embarcadero que da acceso a un paseo en barca por cuevas. Las medidas por el COVID-19 empiezan a notarse y es obligatorio el uso de las mascarillas. Nos sentimos muy afortunadas de poder visitar este sitio tan emblemático de Ninh Binh porque al día siguientes nos enteramos que habían cerrado sus puertas hasta nuevo aviso… ¡por los pelos!



El recorrido dura algo menos de 2h. A pesar de la cantidad de barcas que hay, el paseo se vive de forma pausada y tranquila y el silencio es clave para dejar volar los pensamientos. Nuestro barquero con apenas una docena de palabras en inglés se muestra muy amable y para en ocasiones para dejarnos sacar fotos a patos que aparecen y desaparecen de la nada.



Después de comer, nos acercamos a Hang Mua, otro de los atractivos de la zona donde una cantidad de escaleras de piedra infinita lleva a un mirador espectacular que nos deja con la boca abierta. El esfuerzo merece la pena y estamos un buen rato en las alturas contemplando el paisaje.





El tercer día, cogemos la moto y visitamos una reserva natural a menos de 30 minutos del hostal. El acceso oficial está cerrado y no hay opción de coger una barca, pero Esther, ni corta ni perezosa, se pone en modo aventurera e invita a Nuria a remangarse los pantalones, descalzarnos e investigar por nuestra cuenta en un día algo nublado y poco caluroso, brrrr… ¡qué fría está el agua!




El atrevimiento merece la pena. Una vez más, nos encontramos frente a parajes naturales de quitar el hipo. 



El día tiene un broche final redondo porque en el hostal la dueña nos propone celebrar una “Corona Party”. Somos sólo 5 los huéspedes alojados y nos comprometemos a elaborar algo típico de nuestro país para cenar. Después de pasar un rato agradable de sobremesa, nos venimos arriba y… ¡nos damos al karaoke! Cantamos todo tipo de canciones y las risas que nos echamos nos vienen bien para rebajar tensiones por el futuro incierto que nos espera a todos.



El resto de días transcurren tranquilos entre videollamadas, ukelele y lectura y como hemos cogido confianza con Phuong, la dueña del hotel, un día salimos con ella a cenar de barbacoa a un sitio local muy peculiar y en otra ocasión visitamos un mercado cercano. Ir con ella es un privilegio porque nos explica montones de cosas que no se encuentran en las guías y estaremos eternamente agradecidas por lo bien que nos cuidó.  



sábado, 30 de mayo de 2020

Huê´

Nuestra visita exprés a Huê´ de algo más de 24h merece y mucho la pena; aportándonos el punto de vista más tradicional de Vietnam. Conocida por ser la sede de las dinastías que han pasado por el país, una imponente ciudadela es su mayor atractivo ya que alberga la ciudad imperial. La entrada más habitual para los turistas a día de hoy es la norte aunque antiguamente fuera reservada para uso exclusivo del rey. Frente a ella, y como rasgo distintivo, se alza la torre del estandarte desde donde ondea la bandera del país (o según Esther, la bandera de Estrella Damm, jajaja).




El calor es sofocante y durante toda la jornada buscamos la sombra; además de tener que parar cada 2h a hidratarnos y abanicarnos en rincones fresquitos. Es una superficie tan extensa que recurrimos a la guía y a un mapa para recorrer todo el complejo. En resumen, se distribuyen en el espacio los lugares oficiales para la recepción de autoridades, “la Ciudad Púrpura” destinada al uso exclusivo del emperador y su familia, las dependencias de la reina madre, del servicio y un teatro, una biblioteca y varios lugares de ocio para la familia real. Podéis encontrar otra instantánea en el blog de Esther











Nuestros rincones favoritos son las zonas ajardinadas, cuidadas con mucho mimo y donde pequeños vaporizadores permiten refrescarnos. Resulta ser el lugar ideal para tomarnos un helado, ¡qué calor!







Además de la ciudad imperial, Huê´ cuenta con muchas tumbas imperiales que también son merecedoras de visita y a las que llegamos alquilando una moto para unas escasas 3 horas por la tarde. Como veis, sólo tenemos un día disponible y hemos decidido exprimirlo al máximo. Cae el sol y el calor da una pequeña tregua que nos permite llegar a una tumba que se encuentra en medio de un bosque, en un entorno muy tranquilo y agradable.





Terminamos nuestro periplo visitando la Torre de las Mujeres al atardecer y acordándonos de todas las mujeres bonitas de nuestra vida.  




lunes, 18 de mayo de 2020

Hoi An: Parte 2

Seguimos en Hoi An y las jornadas posteriores las dedicamos a varios cometidos. Para empezar, planificamos una excursión a Marble Mountains o Montañas de Mármol. Elegimos visitar la más conocida, la Montaña del agua. Se trata del ascenso a una montaña con escaleras, pagodas y cuevas en donde cada rincón esconde algo diferente.





En el día, se entremezclan momentos de gran espiritualidad al estar rodeadas de altares, incienso y estatuas con otros donde nos sale nuestro payaso interior y nos da por hacer fotos más divertidas al ver por enésima vez un buda, jajaja. Además, subimos al pico más alto con esfuerzo y sudando la gota gorda por un camino interminable de escaleras.







Al día siguiente, cumplimos con la visita de rigor y visitamos “con fundamento” la parte antigua de la ciudad. Nos sorprende ver a varias parejas de novios vestidos con sus mejores galas haciéndose un reportaje y, como muchos otros turistas, nos paramos a verles un rato para luego sacarnos la foto en el enclave escogido: el puente cubierto japonés. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999, este puente fue construido para conectar el barrio de los comerciantes japoneses con el barrio chino. Fijaos bien porque en cada extremo hay un centinela peculiar que vigila el paso de los transeúntes.




En las calles de este casco antiguo, se combinan salas de asambleas, museos, casas tradicionales, y pagodas. Podéis ver alguna foto más en el blog de Esther. Debemos reconocer que recorrer Hoi An de día y bajo un sol sofocante hace que nos decantemos por la visita nocturna del primer día que tanto nos enamoró.





Como grandes aficionadas que somos a visitar mercados, no faltó la vuelta por el mercado de día, viendo el ir y venir de comerciantes y clientes a pie o en bicicleta.




Despedimos esta fantástica ciudad poniendo rumbo a Huê, la antigua capital imperial de Vietnam. ¡Nos vemos allí!